Hernani

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La muralla de Hernani

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El arco

La muralla de Hernani

Cinco eran los accesos originales a la villa amurallada de Hernani. Los principales fueron derruidos entre 1855 y 1856 y estaban situados al final de las calles Kale Nagusia y Andre kalea. Una tercera entrada se ubicaba bajo el antiguo ayuntamiento, próxima a la confluencia de estas dos calles. Las dos puertas restantes comunicaban la calle transversal (actual Felipe Sagarna “Zapa” Kalea) con el exterior. Precisamente, este sencillo arco ojival es la única entrada que queda en pie. Aún conserva el agujero que servía para trancar la gran puerta.
Las contundentes paredes de la muralla medían hasta 1,30 metros de ancho y 5 m. de altura, y estaban concebidas para soportar los ataques provenientes del exterior. Pero eran más que eso; durante la Edad Media, la muralla establece el límite entre dos mundos: la separación entre el orden y lo salvaje; la protección y el peligro; lo urbano y lo rural. Alfonso X «el Sabio», en el s. XIII, definía el terreno interior como sagrado, una frontera mágico-religiosa, que los protegía, tanto del enemigo infiel, como de epidemias y enfermedades. Los habitantes del interior, a la postre convertidos en burguesía, tenían una jurisprudencia propia, y gozaban de unos privilegios, con los que no contaban los foráneos. Del mismo modo, todo comerciante que quisiera vender dentro de la muralla debía pagar impuestos.
Con el paso del tiempo, aquellos muros perdieron su función defensiva, y se convirtieron en un obstáculo para el desarrollo urbanístico, por lo que la mayoría de ellos fueron derribados. A medida que la población aumentaba, los edificios crecían en altura, se creaban accesos entre calles, y se abrían ventanas y puertas en las gruesas paredes de piedra. Además, las viviendas van ocupando el tramo existente hasta la muralla, haciéndola prácticamente desaparecer y conformando el Hernani actual.
Junto al arco, en el exterior, podemos encontrar restos de una anécdota sorprendente: al alcance de nuestra mano, testigos de la II Guerra Carlista (1872-1876) podemos ver dos proyectiles de cañón, ambos sin explotar y probablemente lanzados desde una batería habilitada en Santiagomendi (Astigarraga).